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El Sumidero

BRANFORD MARSALIS EN GIJÓN

Comienza el concierto con un par de temas interpretados por Joseph Calderazzo al piano. Él solo. En un continuo "crescendo" rompe los compases continuamente con progresiones de blues, pasando por ritmos latinos o con las más frenéticas escalas de Jazz. Unos minutos más tarde se completa el cuarteto sobre el escenario, y comienza el verdadero espectáculo. El Jazz más trepidante dejó a alguno (a mí concretamente) más desestructurado que la tortilla de Ferrán Adriá ( los huevos por un lado, la patatina por otro...). En pocos segundos todos estábamos perfectamente conectados con el espectáculo, pasando de tormentas de puro virtuosismo al desarrollo de lentas melodías. Por la parte que me toca, diré que me sorprendió tremendamente el baterista, Jeffrey Lynn Watts, que lejos del derroche de extrema virtuosidad exhibido por bateristas más próximos al número circense que al servicio de la banda, ocupó su lugar en el escenario con desarrollos típicos del Jazz más clásico, pero con guiños muy personales y un toque de clase, principalmente escobillas en mano, de los que ya se ven poco. Todo un señor del Jazz. Marsalis magnífico, al igual que Calderazzo y Revis, el bajista: de otro planeta. Como siempre, salgo del teatro desconcertado, con el mismo dilema de siempre: ¿Que hago?, ¿quemo la batería o le saco brillo?.-
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